diciembre 19, 2012

Cambio


Siempre me han gustado los cambios en general, quizás por la sensación que provoca interiormente el estar viviendo diferentes situaciones, huyendo de la monotonía: Cambiar de casa, los muebles de sitio en la habitación, cambiar de puesto de trabajo, cambiar de comida.  Cambiar de ciudad a visitar. 
Aunque he de reconocer que no todos los cambios me gustan, soy fiel a mis colores preferidos, a mis colonias favoritas, a mis amigos, a la persona con la que llevo más de treinta y cinco años compartiendo la existencia. 
Y ahora en este momento de mi vida ha habido un cambio muy brusco, pues después de estar trabajando más de cuarenta y dos años, de forma ininterrumpida, me he quedado en una situación de ERE (privilegiado), no como en otros casos, cuyas condiciones son penosas.  
Después de este periodo aproximado de dos años, pasaré a recuperar un tiempo trabajando, (tiempo correspondiente como consecuencia de acogerme a un contrato de relevo), y después la prejubilación a los sesenta y dos años aproximadamente.  Situación privilegiada con la que está cayendo. 
Pero a pesar de ello, tengo una sensación extraña, entre dulce y amarga. Es un cambio que te recuerda que tu vida entra en otra etapa (la última), donde ya estás cerca (casi, casi) de la franja de población de la tercera edad.
En fin, hay que pasarlo, así que lo intentaré pasar de la mejor manera posible, pondré empeño en ello.

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