Ya hace
justo un trimestre que no te veo, y me cuesta hacerme a la idea de que va a ser
así ya para siempre.
A veces
pienso que sería mejor quitar del medio todos los objetos, fotos, recuerdos que
me llevan a ti, pero no encuentro el camino, sólo de pensarlo me angustio más. No quiero olvidar tu cara, tus gestos, y
sobre todo tus manos, esas manos pequeñas y hábiles que hacían verdaderas
maravillas en los rotos de la ropa de tus nietos.
He pensado
en ir a un psicólogo, que se supone te da pautas de comportamiento que te ayudan
a sobrellevar según qué situaciones.
De momento
dejaré pasar el tiempo y te recordaré sin cesar.
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