Este verano, he tenido la
fatalidad de romperme el cúbito y el radio del brazo izquierdo, menos mal que
soy diestra, pero a pesar de ello tienes no pocas limitaciones. Se da uno cuenta de lo poco que somos
físicamente hablando, y lo limitados que somos, cualquier cosilla te altera la
vida.
A pesar de todas los
pensamientos y reflexiones que te vienen a la cabeza, a mí no me deben servir
de mucho, me puede la rebeldía y el rebote que pillo, traducido en mal
humor. Ya me pasó hace veintidós años
cuando me rompí el tobillo derecho, enterito.
Independiente del accidente, el
pasado 2 de agosto, leí en el periódico El País (suplemento IdeaS) un
artículo con el que me identifiqué, por lo que dice su autor, Oliver Sacks,
prestigioso neurólogo, reflexionando sobre los avances científicos y cómo los
afronta los últimos días de su vida.
“Me entristece
no ser testigo de la nueva física nuclear que vislumbra Wilczek. Una revolución
que nunca veré”
No es que mi situación sea la
misma que la suya, pero llegará un momento que sí será, y seguiré pensando lo
mismo, no será Wilczek, ( https://es.wikipedia.org/wiki/Frank_Wilczek ), será otro científico y otros descubrimientos científicos, la situación se repetirá, pues este mundo sigue en movimiento.
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